Un acompañamiento integral especialmente sensible: la propietaria atravesaba un momento de salud delicado, y el objetivo era que su hogar la sostuviera en ese proceso, sin sumarle ni una decisión más de las estrictamente necesarias.
A partir del análisis energético de la vivienda y de sus orientaciones personales más favorables, se redefinió el uso de cada estancia y se replanteó cuidadosamente la posición del mobiliario, priorizando siempre el descanso y el bienestar físico.
En lugar de partir de cero, se aprovechó al máximo el mobiliario y la estructura ya existentes: un cambio de color, disposición y foco fue suficiente para darle al piso una mirada nueva, sin añadir a la propietaria la carga de una obra completa. Las piezas con valor sentimental para ella —como algunos cuadros y otros objetos — se respetaron y potenciaron, integrándolas en el nuevo conjunto en lugar de sustituirlas.
El resultado es un hogar mucho más luminoso, actual y alineado con lo que su propietaria necesitaba vivir en ese momento: un espacio que la acompaña, no que le exige.